Tuesday, November 17, 2009

Tresesenta

...y uno cree que quiere algo, que ya sabe hacia adonde caminar. Pero no, tenías que esconderte otra vez. Yo que por una vez pensé que ibas a estar ahí. No deberías seguir haciendo eso.
¿No te dije que era tu caballero andante?, Dulcinea.
¿Acaso no pensábamos que todo iba salir bien?.
Tengo que aceptar que tuve la culpa, pero de eso ya pasó un año. Y sé que no debí hacer eso, pero a veces uno no puede ver.
Mirá, si y tuve antes la culpa, fue por vos y tus metáforas. Yo sé que soy igual, pero ese no el punto. Vos nunca me diste una sóla pista...


Silencio incómodo y las miradas se dirigen al suelo, y la mano temblorosa que levanta la otra mirada desde la barbilla.

No sé por que no me hablás. ¿ahora tengo que buscarte?
Sabés que es lo peor, que yo sé que si mañana te veo, te voy a amar como antes. Como hace un año

Dormir para siempre
y viajar, acompañarte,
a tu lado, mi lady,
como caballero andante.

Caballero andante, por vos (te lo dije)

En tu defensa podés decir que nunca supiste, o que una vez, ya no te quize.
Y tuve que elegir, y elegí dejarte, dar la vuelta, ciento ochenta.

Hoy, nada más me acordé de vos, desde eso he dado muchas vueltas. Tres sesenta.
¿Y vos qué hiciste? ¿Querés venir?
Lléguele, aquí hay campo. Sólo no pensemos en el año pasado.
Demos un giro.
Tresesenta grados.

Monday, November 2, 2009

O talvez...

Y a tu lado me como un dulce azul/amargo. Un dulce que a pesar de ser talvez el peor, es el que más he disfrutado. O talvez no. Todo sabe mejor con vos. Eso sí.
Yo no sé a donde vas. O talvez sí. Pero sé que quiero ir con vos. O talvez no. No se adonde voy yo. O talvez sí. Pero quiero que me acompañés. O talvez no.
Y es que los dulces no deben saber azul/amargos. O talvez sí. Y deberían ser dulces y fáciles de entender. O talvez no.
Esta incertidumbre es la que me hace caer en espiral. No tengo salida. O talvez sí. De todos modos, esta caída es buena. O talvez no.
Es frío caliente, silencio a gritos. Es sí y es no. O talvez no y sí.
Callar algo. O talvez no. Decirte algo. O talvez sí. Callarlo a medias. O talvez no. Decirlo a medias. O talvez sí.
Y es que no tengo derecho. O talvez sí. Es decir, sos libre. O talvez no. No creo que pueda, o que podás... O talvez sí.
Las cosas como son, ¿no?. O sí. O no. No es cuestión de suerte. O talvez sí. Se trata de decidir. O talvez no.
Sos Yin y sos Yang, a veces sí, a veces no. Sos un escrito en ruso, o talvez no. Y yo no entiendo el ruso. O talvez sí.
Sos Yin y sos Yang, a veces sí, a veces no. A veces blanco, a veces negro. O talvez no. En realidad no me importa. O talvez sí. Te quiero completa. O talvez… (Creo que aquí no cabe un talvez no o un talvez sí, ni siquiera el talvez, creo que es a veces). Me gustás completa a veces, o talvez no, talvez a cada rato. Aunque lo dulce sepa amargo. O talvez no.

Thursday, October 8, 2009

Dulces sueños Parte V

El gran y único amigo del caballero andante lleva meses desaparecido. el caballero, que no tiene otra opción más que seguir, no rendirse, mantener la frente en alto, intentar olvidar a los acompañantes que ha dejado perdidos durante su viaje al que decidió dejar de ver y al que extraña como si hubiese perdido su propia sombra.
El caballero, lleva ya mucho tiempo viajando solo, con un diario como única compañía, un diario que no le responde.
El único ausente es su amigo, las aventuras, los dragones, la gente siguen ahí, nada parece haber cambiado, mas para el caballero, que ahora debe hablar sólo consigo mismo, todo es distinto, ya no puede confiar en nadie.
La gente que lo conoce le quiere, y él duerme en camas ajenas. Pero no se siente bienvenido, se siente extraño, extranjero ya no pertenece a ningún lugar.
Teme que se vayan, teme perderlos, teme que su fama los afecte, teme que el mismo abismo que le a seguido los pasos también acabe con ellos.
En el pueblo que se queda en esta época, vive una joven famosa, famosa por sus actos, porque ella misma ha matado dragones, porque los hombres le temen. Se dice que practica la magia, que es capaz de poner anzuelos frente a la gente sin que lo noten, que tiene un canto de sirena único.
Pero es la única que hoy le a ofrecido refugio al caballero. Afuera llueve, y ella también está sola.
La bruja, cómo se le llama a sus espaldas, está igual que el caballero, sola, pero es distinto. Ella sabe que necesita algo, ella sabe qué necesita. Ella lo busca, pero no lo encuentra.
No sabe que su huésped necesita calor y ella tiene fuego, no sabe que su huésped necesita calor y ninguno de los dos se ha dado cuenta.
El caballero, que teme por la reputación de la bruja, ya no confía en las apariencias.
Tiene mucho sueño, demasiado sueño. Pero no confía en la cama sobre la que duerme. Quiere quedarse ahí, no tiene fuerzas.
Quiere llamar a la bruja y quedarse a su lado, pero no tiene fuerzas.
El caballero sigue ahí, yaciendo, solo. Aún no llama a la bruja, con la que cree querer estar, la que está a sólo metros de distancia, buscando a quien la busque.
El caballero sólo espera, lo que sea que pase que lo mueva. No sabe que quiere, pero sabe que no quiere seguir ahí, por lo menos ahí solo.
Cualquier cosa que lo pueda mover, lo va a mover, ya sea que la bruja regrese, o que decida salir, seguir andando, buscar una patria, buscar un abrigo.

Monday, September 28, 2009

Tus dos caras

Ahora tenés que hacerlo para vivir, no te puedo obligar, pero tarde temprano te va a dar hambre y tenés que alimentarte, la comida de los mortales no es lo mismo, ahora sos como yo, y tenés que comer como yo.

Ja ja… querías ser inmortal, pero no me dijiste que no te gustaba la sangre… que repulsivo, en verdad creí que sabías lo que querías. Ahora, ahora ya no hay marcha atrás…. Supongo que te acabás de dar cuenta, tenés que extinguir vidas para conservar la tuya.

En realidad no es tan malo, después de un tiempo lo disfrutás y luego empieza a gustarte… la gente tiene que morir algún día y…nosotros tenemos que comer, no es malo, es necesario… ahora bien, hay otra opción pero… es decir, podés beber sangre en bolsitas, tenemos varias en casa, para los cobardes como vos, es una alternativa, pero no creo que te guste, es monótono y hay que conservarla fría para que no se eche a perder, y fría no sabe igual, no te va a gustar, podés intentarlo, pero me decepcionaría.

No creo que te importe decepcionarme ¿Cierto?, pero sí creo que no te gustaría perderte de la experiencia de alimentarte de lo que la madre naturaleza nos provee o, ¿acaso te gustaría morir de hambre, sin haber probado?

Monday, September 21, 2009

Dulces Sueños IV (Elena de Atilus)

Personajes:

ALTOS: Extranjero, ciudadano de Artalia

DAVIÓN: compañero de Altos

CORO de Ciudadanos

SISENE: Conciudadana de Altos

ILVANA: Consejera de Helena

ELENA: princesa de Atilus

Acto I

Explanada en la afueras del castillo de Atilus, llegan ALTOS y DAVIÓN

ALTOS: Oh, Davión, amigo y compañero de viaje mío, hemos llegado al castillo donde mora la hermosa Elena, cuánto he esperado este momento, y cómo he orado a Afrodita me conceda el amor de tan hermosa mujer.

DAVIÓN: Pensadlo bien, mi señor. No os apresuréis en decir vuestros sentimientos y orar a los Dioses. La hermosa Elena ha de saber lo que hace, y si no os atendió aquel día en su pueblo ha de ser con razón.

ALT: Lo pasado, pasado, compañero mío, y la beldad de Elena yo la deseo desde aquellos tiempos en que nuestros caminos se unieron por voluntad de los dioses del mar y del cielo. Mi amor le pertenece a ella. Oh mi querido Davión, si vos entendieses lo que dentro de mi pecho arde, ya me hubieras dejado correr en busca de la amada mía.

DAV: Adelante pues, no tiene sentido discutiros, si la imagen de la princesa Elena ya ha cegado vuestros ojos y no os deja entender lo que sucede. Entrad pues al castillo y declaradle vuestro amor una vez más a la bella Elena, princesa de Atilus.

CORO: Oh, Dioses del Olimpo, ¿Porqué habéis permitido esto? Davión, único amigo y consejero de Altos lo ha dejado a su suerte. Ay del oscuro futuro que le espera. Atenea, por favor, oh poderosa deidad de la sabiduría, actuad en este suceso, no permitáis que el noble Altos se deje caer en las garras de la oscuridad, no lo dejéis entrar en el abismo de auto destrucción que carga consigo la sospechosa beldad de su majestad, Elena de Atilus.

(Llega corriendo SISENE)

SISENE:(grita) No podéis entrar, oh caballero de Artalia. (A Davión) Decidle vos, cómo su amigo y consejero, avanzad y detenedlo antes de que ose ingresar la castillo. Él no puede. Sino lo hacéis, he de ir yo a detener con mis propias manos, y de ser necesario con mi espada, al artaliano Altos. A quien no he de permitir caer al abismo que le espera.

(Va se Davión)

ALT: ¿Quién sois? ¿Por qué corréis tras de mi? Oh mujer alocada, cómo osáis venir y detenerme en mi camino, en mi búsqueda del amor en brazos de mi amada Elena de Atilus.

SIS: Mi nombre es Sisene, oh artaliano, y he venido aquí desde que oí de vuestras intenciones, discúlpeme mi señor, pero, auque sea por la fuerza, no os permitiré entrar en ese castillo.

ALT: No sabéis lo que siento, oh artaliana mía. Si conocieses el miedo que me da. Oh mi falsa seguridad. Cómo he rogado a los dioses estén conmigo para disipar mis dudas. Y venís vos, espada en mano a darme razones para no entrar a amar a la princesa. Envainad vuestra espada. Dadme vuestras razones, y espero que sean buenas, por que de haberme detenido sin razón, oh ciudadana de Artalia, seré yo quien te hará nadar en las aguas del estigio.

(Sale ILVANA del castillo)

ILVANA: ¿Acaso he escuchado una discusión en las puertas del castillo? ¿Quién sois?, oh ciudadanos, y qué hacéis en las puertas de mi palacio.

SIS: Disculpadnos, oh señora, pero hemos desistido, en este momento nos dirigíamos al pueblo, lejos de las puertas de vuestro castillo. (A Altos) Apurad el paso y venid conmigo, esa noche es para nosotros y estaremos juntos para siempre.

ALT: (A Sisene) ¿Qué decís? Sin duda vuestra extraña beldad me ha cautivado, mas no sé que decir ante vuestra propuesta. Me habéis separado de mi camino, y me ofrecéis lo que buscaba. Cómo he de negarme, oh coterránea, Corramos, lejos de aquí, y alejémonos de lo que me has separado.

CORO: Oh poderosa Afrodita, cómo agradecer toda vuestra bondad, al parecer vuestro poder ha alejado a nuestro señor artaliano de las garras de su fatídico destino.

(ILVANA corre tras ellos)

ILV: (Grita) Esperad ciudadanos, necesito veros una vez más, por favor, detened el paso y esperadme.

SIS: ¿Ahora qué? Qué puede haber olvidado la muy tonta.

ALT: Esperad, Sisene mía. Ha de tener algo importante qué decirnos. Ya estoy decidido a permanecer a vuestro lado, y abandonar mi empresa al lado de Elena, princesa de Atilus.

ILV: (llega) Dejadme miraros al rostro una vez más o caballero. Es cierto. Ahora puedo confirmar lo que creí hace unos minutos. Yo os conozco, oh caballero artaliano, vos sois quien hace un año pretendía a mi señora Elena. Habéis venido acaso a intentar ganar su corazón de nuevo.

ALT: Lo siento, oh noble señora de Atilus, pero parecéis estar confundida, nunca he yo visto vuestra persona, y dudo que me conozcáis.

ILV: Disculpadme, oh caballero, es que mi señora no ha parado de hablar del noble caballero que con su misterio la cautivó. Pero adelante, seguid vuestro camino que vuestra amada parece impaciente.

CORO: Oh los dioses del amor y la guerra que por poco confabulan para que un desastre ocurra en plena ciudad de Atilus. Gracias a los rectores del destino y a la poderosa Atenea. Oh diosa de la sabiduría que habéis iluminado a nuestro señor para negar su pasado y permanecer seguro en brazos de la dulce Sisene.

Acto II

Esa noche, en la entrada del castillo de Atilus, llegan ALTOS y DAVIÖN y tocan la puerta.

DAV: No puedo creer que me hayáis convencido. Ay de la pobre Sisene cuando se entere de la atrocidad que planeáis. Deberíais volver, ahora que podéis, os lo suplico mi señor. No soportaré ver a Sisene y decirle lo que sucedió.

ALT: Vos podéis irte, no te tengo atado a mi ser. Pero por los dioses, os lo ruego, quedaos, acompañadme.

(Sale ILVANA)

ILV: ¿Quién osa venir tan tarde ante el castillo de Atilus? Pero si sois vos, el extranjero que hace horas pasó por estos rumbos. ¿Qué os trae de vuelta?

ALT: Teníais razón, oh señora de Atilus. Mi nombre es Altos, caballero de Artalia, y yo soy quien hace un año pretendía el abrazo de su señora, Elena. Y en efecto he venido en busca de una oportunidad.

CORO: Ay, ay, ay del destino cruel. Por qué, oh dioses del mar y del cielo, por qué permitís que nuestro caballero caiga en tal trampa mortal. Ay de nuestro señor que se ha dejado caer en las garras de la destrucción. Ha quedado tan débil y vulnerable ante las Arpías que lo guían hasta las oscuras aguas del Estigio.

ILV: Benditos sean los Dioses del amor. Enseguida voy por mi señora. Esperad aquí o mi señor. Gustosa ella estará de saber que vos habéis recorrido tan largo camino por estar a su lado. (Va se)

DAV: Oh mi señor que ha cruzado la línea, no tendrá retorno si ella acepta, qué será de la bella Sisene al enterarse de lo que le habéis hecho. Que los dioses de la guerra no os castiguen oh mi señor, por lo que estáis a punto de hacer.

ALT: Ay de mi, amigo Davión. Ay de mi, ay de mi futuro, ay de mi destino. De no haber sido por las palabras de la señora Ilvana, y por que su majestad, la hermosa sin par, Elena de Atilus, me ha estado esperando. Hubiese permanecido al lado de Sisene. Pero los Dioses me han dejado un mensaje, y me tienen aquí, inmóvil, frente a la puerta del castillo de Elena.

(Llega ILVANA con ELENA)

ELENA: Entonces, es cierto. El misterioso caballero Altos de Artalia está ante mi puerta, rogando mi mano y mi amor. Oh los dioses del amor que os han guiado hasta mi puerta. No podría negarme a vuestra petición. Vuestro misterio y demostración de afecto al venir hasta mi castillo han conquistado mi corazón, oh señor artaliano.

ILV: (a Altos) ¿Qué pasó con la joven, su amada, por qué venís y dejáis a una mujer en su cama esperándoos?

ALT: Mi amor es tan grande, y los dioses tan buenos, que he tomado una decisión, ahora soy de su majestad, mi alma pertenece a la hermosa princesa, Elena de Atilus. Ven acá, oh amada mía y vivamos nuestro amor.

ELE: Alagada me siento por todo lo que me ofrecéis, sin embargo, os ruego esperéis, quedaos a mi lado, pero dejadme aprender a vivir a con un hombre. Y esto os lo prometo, no lo dudéis, que de mi vais a recibir todo lo que pueda ofreceros.

ALT: Vuestros deseos son órdenes oh mi señora. Y esto os lo prometo, no lo dudéis, que de mi vais a recibir todo lo que pueda ofreceros.

(Van se todos)

CORO: Ay, ay, del destino y el fatídico laberinto al que nuestro señor ha entrado. Oh dioses del cielo, acabad con esto por favor. Oh poderoso Zeus, usad vuestros truenos y terminad con esto, envía a todos a flotar en las saladas aguas del Estigio. Ay, ay, ay de nosotros que preferimos la muerte de todos antes que las calamidades que el destino tiene previstas en su enorme libro.

Acto III

La mañana siguiente, en el castillo, ELENA y ALTOS discuten.

ALT: Ay de mí, oh Atenea, ¿Dónde estabas que no me iluminasteis? Cuánto caso debí hacerle a mi Davión, que me advirtió sobre vos. Ay de la pobre Sisene, que ha quedado en una cama, esperando mi cariño y mi abrazo.

ELE: Ay de vos, oh caballero artaliano, que prometisteis permanecer a mi lado. No tenéis salida, mi caballero. Yo no os quiero, no me queréis, pero ambos prometimos ante los dioses continuar. Ay de nosotros, atados para siempre, encerrados en un abismo espiral del que no podemos salir.

CORO: Ay de nuestros señores, que no se aman y siguen atados, ni la dulce Ilvana, confidente de ambos ha logrado conciliar este macabro juego del destino, que aún sabiendo el sufrimiento que arriba, no hace algo en su contra.

(Entra DAVIÓN)

DAV: Oh mi señor, ay de vos, vuestro sufrimiento es de nunca acabar, la hermosa Sisene, al enterarse en el pueblo de que un artaliano ha conquistado el corazón de la princesa, ha enfurecido, y por los dioses que está furibunda, a punto de entrar.

ILV: Ay de mis señores que siguen cayendo. Ay de mí que inútil estoy ante todo, limitada a sólo observar lo que viene.

(Entra SISENE)

SIS: Oh mi coterráneo artaliano, que ha quedado preso. Ay de vos, Altos de Artalia, que me habéis dejado por ésta, un monstruo que sin corazón tener, te ha ofrecido la luna. Ahora estáis ahí postrado, llorando a los dioses por una salida. No puedo odiaros, os amo, oh compatriota, Altos el artaliano. A vos, Elena de Atilus, os maldigo, por haber apresado el corazón de mi amado.

ELE: Oh pobre ciudadana, acaso sabéis con quien habláis, yo soy Elena, princesa de Atilus, no podéis tocarme. Esperad, qué hacéis con esa espada. ¡Guardias! ¡Detenedla! No, dejad eso, ¡NO!

ALT: Ay, ay, ay de mi. Ahora mi pena no puede ser más infinita. La que fue dueña de mi corazón ha muerto a manos de la que realmente me amaba. Y la dulce Sisene, que hubo conquistado mi razón en unos minutos, ha sido salvaje mente asesinada por los guardias reales. ¡Davión! ¡Ilvana! Dónde estáis, venid en mi ayuda. No lo creo, ante el terror han huido. Oh cobardes, dejadme sólo con mis penas, no os necesito, se que hipócritas volverán.

CORO: Oh dioses del mar y del cielo, os lo pedimos, cuidad de nuestro señor. Destrozado ha quedado, con dos amores muertos y dos confidentes desaparecidos. Ay, ay de nuestro señor que se ha ido a vagar de pueblo en pueblo, de país en país buscando un refugio para su maltrecho corazón. Oh poderosa Afrodita, dotad de un nuevo corazón a nuestro señor, o gran y temible Hades, devolvedle la parte de su alma que murió ese fatal día.

Tuesday, August 25, 2009

sobre las cosas...


Mirá, lo que pasa es que lo cotidiano no me interesa, puedo hacerlo, y es vacilón, pero no me llena.

Creo que es por que soy medio fantasioso, me gusta la fantasía, las historias con desencadenantes dramáticos y personajes humanos.

Me gusta controlar el destino de lo que escribo, si se mueren, si lloran, si encuentran las respuestas, creo que lo bueno de escribir es crear ese diminuto ambiente, donde viven tres o cuatro personas.

No desvalorizo lo que vos hacés, de hecho me gusta. Ahora que lo pienso, talvez sea por lo que vos decís… talvez creo que mi cotidiano no es interesante.

Hace meses hubiera escrito varas cotidianas, que no entiendo a la gente, que la naturaleza no es una excusa…

Ahora que no tengo ni para poemas, no sé que me saldría, como sobre el asiento del bus, o los precios de la comida… Aunque me acuerdo de lo que escribe Fer, pero él es muy bueno en eso, me encanta cómo puede remitir a otro espacio con las descripciones.

Leyendo esto de arriba, me doy cuenta de que realmente no sirvo para este tipo de cosas… y el post de abajo, que queriendo escribir una historia de naturaleza terminé haciendo un remedo de guión de Nat Geo.

Me gustan los cuentos, y sobre todo los poemas… son como rompecabezas de la vida, pero uno no tiene la tapa para saber cómo tiene que quedar, siempre sale algo distinto a lo que en un principio uno se imagina.

Algún día voy a escribir algo largo, novela quizás… tengo una idea, pero no soy bueno con proyectos a largo plazo….

Por ahora me quedo en los cuentos, y quiero meterme en los dramas, contar una historia a partir de diálogos y un par de acotaciones me parece interesantísimo…

Lo único fijo es que no voy a dejar los lapiceros, o los teclados, como ahora; que no tenga mucho sobre qué escribir es lo de menos, ahorita aparece alguien que me vuelva a intrigar con algo curioso, interesante y, espero, hermoso.

Monday, August 17, 2009

naturaleza muerta

Dos días después de haber muerto, el cuerpo del coyote azul hubo desaparecido entre la hierba. Las plantas, que habían estado aprovechando todo lo que el cadáver les ofrecía mientras desaparecía ante la vista de los árboles; los grises hilos de zacate ya están siendo roídos por los miles de insectos que habitan al lado.

Así, la oscura luna sale en el claro cielo de la noche, cómo siempre lo ha hecho, por millones de años, como siempre.

Las luces nocturnas anuncian el fin de muchas vidas, el fin de miles de efímeras criaturas que intentan huir de las peligrosas garras de las bestias que florecen con la noche, cómo los zorros púrpura, los brillantes y salvajes búhos.

Una de las criaturas que no salía durante las noches era el pequeño ratón de campo amarillo, los de su especie poseen siempre colores oscuros, como grises cafés o azules; sin embargo el destino lo maldijo (o lo bendijo) con un brillante pelaje color amarillo.

Vivía cerca del lago, donde el agua cambia de color con el paso de las horas, en un terreno muy húmedo, y caluroso, por las madrugadas llovía hasta entradas horas de la mañana, por la tarde, el oscuro sol evaporaba las gotas rosas que habían caído; formando las azules nubes que rozan las copas de los árboles de troncos blancos y hojas grises y rojas como el suelo que los alberga.

Esta vez, mientras buscaba comida, el pequeño roedor se alejó demasiado de su refugio, al llegar de nuevo el manto nocturno, se encontraba muy lejos de su casa para volver a tiempo.

Rápidamente intentaba encontrar un refugio para pasar la noche. Los búhos plateados ya rondaban el bosque, con sus enormes alas abiertas y su mirada en dirección a la presa. Un ratón de campo amarillo que nadaba perdido.

El roedor nota que está en el menú de esta noche y empieza a correr, primero en línea recta, lo más rápido que puede; como no funciona, corre entre los árboles tratando de perder a su cazador, parece funcionar, después de siete vueltas y cambios de dirección, el ratón deja de sentir el acecho del búho

Sigue corriendo aunque no siente al búho, de nuevo en línea recta, está cada vez más cercad e su casa. Un vistazo hacia atrás vasta para darse cuenta de que el búho ya no está a sus espaldas. Reduce la velocidad. Sabe que está a salvo. Se dirige a la entrada a su madriguera, un soplo irregular en el viento y…

Era imposible que se salvara, era demasiado llamativo su color, sobre el oscurecido gris del suelo nocturno, y la visión del búho. Sólo hizo falta un segundo para que el búho lo encontrara y se dispusiera a atacarlo.

Esa noche, el ratón amarillo casi escapa, pero el destino y la naturaleza son infalibles. Cada día llueven gotas rosas, y el oscuro sol las evapora. Cada noche los búhos cazan, y si se es llamativo, se está destinado a morir una de esas noches.